Cumplir la ley del calor no es lo mismo que gestionar el riesgo: esto es lo que falta
Llevamos semanas hablando de grados. De si esta es la segunda ola de calor del verano o si ya vamos por la tercera a escala europea. De si el naranja de AEMET va a pasar a rojo. De cuántos litros de agua hay que beber por turno. Y está bien que se hable de esto, porque el calor de 2026 no se está andando con rodeos: hasta 42°C en los valles del Guadalquivir y del Tajo, noches que no bajan de 24-26 grados, y una previsión para Europa que apunta a una tercera acometida entre el 6 y el 12 de julio, con Francia en el punto de mira.
Pero hay una pregunta que casi nadie está haciendo, y que en URS Spain nos hacemos cada vez que entramos a auditar una empresa en pleno julio: ¿qué diferencia hay entre cumplir el protocolo contra el calor y demostrar que gestionas ese riesgo?
Porque no es lo mismo. Y esa diferencia es, casi siempre, la que separa una empresa que responde a un accidente laboral con la conciencia tranquila de otra que descubre, demasiado tarde, que no tenía nada por escrito.
Lo que exige la ley y lo que exige un sistema de gestión
El Real Decreto-ley 4/2023, de 11 de mayo —el que obliga a modificar horarios, suspender ciertas tareas o reforzar las medidas de protección cuando se activan avisos naranjas o rojos de la AEMET— pone el foco en la reacción: qué hacer cuando ya hace demasiado calor. Es necesario y ha salvado vidas. Pero no exige a la empresa que se pare a pensar, mes a mes, si su forma de evaluar ese riesgo tiene algún tipo de método detrás.
Ahí es donde entra un sistema de gestión certificado en ISO 45001. Y aquí conviene ser precisos, porque en este tema se dicen muchas cosas a medias.
Desde septiembre de 2024 existe una enmienda a la norma —la ISO 45001:2018/Amd 1:2024— que obliga a las organizaciones certificadas a incorporar el cambio climático en su análisis de contexto. Esto no es letra pequeña ni un añadido decorativo: significa que una empresa con 45001 en vigor debería estar, ya, considerando las olas de calor, las sequías o los incendios como parte de los riesgos que tiene que vigilar de forma sistemática, no como un imprevisto de verano que se resuelve con ventiladores y un comunicado interno.
La sorpresa que nos encontramos en campo es que muchas empresas certificadas todavía no han actualizado su sistema para reflejar esto. Tienen la certificación, tienen el protocolo de calor colgado en el tablón, y sin embargo no hay ningún hilo que conecte ambas cosas dentro de su matriz de riesgos.
Y no, el índice WBGT —la medición de temperatura de bulbo húmedo que usan los técnicos de prevención para cuantificar el estrés térmico, recogida en ISO 7243:2017 y ratificada por AENOR— no forma parte del texto de la 45001. La 45001 no te dice cómo medir el calor; te obliga a tener un método para hacerlo y a poder demostrarlo. Esa distinción parece menor, pero es precisamente la que un auditor revisa con lupa. Puedes consultar la metodología completa en el portal del INSST sobre ambiente térmico.
Lo que se viene: la ISO 45001:2027
Si esto ya es exigible desde 2024, lo que viene después va a apretar más. Hay una revisión completa de la norma en marcha —el borrador internacional (ISO/DIS 45001) se espera este mismo 2026— y todo indica que reforzará justo este punto: exigirá valorar de forma más desarrollada los riesgos derivados de fenómenos meteorológicos extremos y de la exposición a calor excesivo, además de incorporar otros frentes como los riesgos psicosociales.
Las empresas que ya tengan resuelto el hueco de la enmienda de 2024 van a llegar a esa transición con ventaja. Las que no, se van a encontrar corrigiendo dos deberes a la vez.
Un apunte: ¿lo hacen mejor en otros países del Mediterráneo?
Aquí sí hay datos concretos que merece la pena poner sobre la mesa, porque cambian la conversación. En Italia, desde hace varios años, casi todas las regiones activan cada verano ordenanzas que prohíben trabajar al aire libre entre las 12:30 y las 16:00 en construcción, agricultura, canteras y logística, pero no lo hacen a ojo: se apoyan en Worklimate, una plataforma desarrollada por el instituto de seguros de accidentes de trabajo (INAIL) y el CNR, que cada día señala el nivel de riesgo térmico por zona y tipo de actividad. Cuando el nivel es «alto», la parada es automática, no una recomendación. Además, desde 2025 existe un protocolo marco nacional (DM 95/2025) que unifica criterios, y la propia Corte de Casación italiana ya ha condenado a empresarios por homicidio culposo por no haber detenido la actividad en horas de calor extremo, dejando claro que el golpe de calor no se considera un imprevisto, sino un riesgo previsible que hay que gestionar.
En Grecia, el modelo es distinto pero igualmente concreto: el Gobierno impone pausas laborales obligatorias durante las cinco horas más calurosas del día en sectores como construcción, industria naval o reparto en moto, activadas caso por caso cuando el servicio meteorológico nacional anticipa picos por encima de 40°C.
La diferencia con España no está en la norma ISO, que es idéntica en los tres países, sino en el mecanismo de activación: mientras nuestro sistema depende de que la AEMET emita un aviso naranja o rojo, en Italia el disparador es un índice de riesgo específico por tarea y ubicación, actualizado a diario y con respaldo judicial detrás. Es un matiz que las empresas certificadas en España deberían tener en cuenta a la hora de documentar su propia evaluación de riesgo: cuanto más objetivo y trazable sea el criterio que usan para decidir cuándo parar, más protegidas están si algo sale mal.
El hueco que sí vemos nosotros: la formación
Aquí es donde queremos ser honestos sobre lo que observamos, no sobre lo que nos gustaría vender. Cuando auditamos, no nos encontramos con responsables de calidad o de prevención que no conozcan la norma. Nos encontramos con profesionales que la conocen bien, pero que no han recibido formación específica sobre cómo evaluar el riesgo térmico de forma que resista una auditoría, ni sobre cómo traducir la enmienda de 2024 a procedimientos concretos dentro de su sistema.
Es un hueco real y concreto, y es exactamente el tipo de vacío que estamos viendo que las organizaciones necesitan cubrir antes de que llegue la revisión de 2027. Por eso desde ISO Training Center estamos preparando contenido específico sobre esto: no un curso genérico de PRL, sino formación centrada en cómo integrar el riesgo climático y térmico dentro de un sistema ISO 45001 ya certificado.
La idea de fondo
Ya no estamos hablando de un fenómeno raro que pilla a todo el mundo por sorpresa una vez al año. Dos, tres, quizá cuatro olas de calor por verano son ya parte del calendario laboral español, igual que lo son las vacaciones de agosto o el cierre del ejercicio fiscal. La diferencia entre una empresa preparada y una que improvisa no se ve en el termómetro. Se ve en su sistema de gestión, y se nota exactamente el día en que algo sale mal y alguien pregunta: ¿esto estaba previsto, o lo estáis inventando ahora?
