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El Pasaporte Digital de Producto echa a andar: qué ha cambiado hoy y qué viene después

La Unión Europea ha puesto en marcha el registro central del Pasaporte Digital de Producto. Te contamos, con fechas oficiales y sin exagerar ningún plazo, qué implica y qué llega después.

A 20 de julio de 2026, el Registro del Pasaporte Digital de Producto (DPP) de la Unión Europea se ha convertido en algo operativo. No es un anuncio ni una previsión: según el calendario publicado por la propia Comisión Europea, esta es la fecha en la que la infraestructura técnica del registro entra en funcionamiento.

Puede sonar a trámite burocrático más. No lo es. Es la pieza que faltaba para que el Pasaporte Digital de Producto deje de ser un concepto legal y empiece a convertirse en algo con lo que las empresas europeas —y las que exportan a Europa— tendrán que lidiar de verdad, categoría de producto por categoría de producto.

¿Qué es exactamente el DPP?

La propia Comisión lo describe como una especie de carné de identidad digital para productos, componentes y materiales. Dentro recoge información sobre el origen, la composición, la reparabilidad, el impacto ambiental o el reciclaje de un producto, y se accede a través de un código QR o similar, colocado sobre el propio producto, su embalaje o su documentación.

No sustituye al marcado CE. Es una capa adicional de trazabilidad, pensada para que un consumidor, un proveedor, aduanas o una autoridad de vigilancia del mercado puedan consultar de un vistazo la misma información, sin depender de fichas técnicas dispersas por media cadena de suministro.

¿De dónde sale esta obligación?

El marco legal es el Reglamento (UE) 2024/1781, conocido como ESPR (Ecodesign for Sustainable Products Regulation), en vigor desde el 18 de julio de 2024. Es un reglamento «marco»: no obliga por sí mismo a nada en concreto, pero da a la Comisión la base legal para ir fijando, producto a producto, qué información debe llevar el pasaporte de cada categoría.

Ese desarrollo se hace mediante actos delegados, y el propio Plan de Trabajo 2025-2030, adoptado por la Comisión en abril de 2025, ya señala qué productos van primero: textiles (con foco en ropa), muebles, colchones, neumáticos, acero y aluminio.

El calendario oficial, sin adornos

Esto es lo que confirma, a día de hoy, la página oficial de la Comisión Europea sobre el DPP:

  • Julio de 2026: se establece el marco técnico del Registro (acto de ejecución y decisión sobre seis estándares del DPP).
  • 20 de julio de 2026: el Registro del DPP se vuelve operativo.
  • Verano de 2026: decisión de ejecución sobre los dos estándares restantes.
  • Cuarto trimestre de 2026: requisitos específicos para acero y hierro, y acto de ejecución sobre derechos de acceso para baterías.
  • 18 de febrero de 2027: el DPP se vuelve obligatorio para baterías —vehículos eléctricos, medios de transporte ligero e industriales—, en aplicación del Reglamento de Baterías (UE) 2023/1542.
  • Segundo trimestre de 2027: requisitos para productos de construcción y proveedores de servicios DPP, además de credenciales digitales e identificadores únicos.
  • Tercer y cuarto trimestre de 2027: textiles, aluminio y neumáticos.
  • 2028: muebles.
  • 2029: colchones y contenido reciclado.

El matiz que casi nadie explica bien

Aquí conviene frenar un segundo, porque es donde más se suele confundir el mensaje: que el registro esté operativo no significa que tu producto necesite ya un pasaporte. El registro es solo la infraestructura —guarda identificadores únicos, no los datos del producto en sí—. La obligación real de llevar un DPP llega cuando se publica el acto delegado de tu categoría de producto, y hoy por hoy solo hay una fecha jurídicamente firme: la de baterías, el 18 de febrero de 2027. Todo lo demás —textiles, muebles, acero, aluminio, colchones— sigue siendo un calendario indicativo, sujeto a que la Comisión publique a tiempo cada acto delegado.

Dicho de otro modo: hoy nadie tiene la obligación legal de emitir un DPP para ropa o para muebles. Pero el reloj para prepararse ya está corriendo.

¿Por qué merece la pena moverse ya, aunque no haya obligación todavía?

Por una razón muy práctica: los datos que exige un DPP —composición de materiales, huella de carbono, origen de componentes, información de proveedores— casi nunca están ya listos en un único sitio dentro de una empresa. Suelen estar repartidos entre fichas técnicas, hojas de proveedor, certificados de materia prima y algún Excel que solo entiende una persona del equipo.

La propia Comisión aporta un dato que ayuda a entender por qué existe todo esto: más de dos tercios de los europeos dicen sentirse confundidos o desconfiar de la información ambiental que reciben sobre los productos que compran. El DPP nace, entre otras cosas, para cerrar esa brecha. Y cerrarla exige que la información exista, esté verificada y sea consultable. Eso no se construye en un fin de semana.

Qué puede hacer una empresa desde ya

  • Identificar si su categoría de producto está entre las prioritarias del Plan de Trabajo 2025-2030 (textil, muebles, colchones, neumáticos, acero, aluminio) y en qué trimestre se espera su acto delegado.
  • Revisar qué datos de trazabilidad y de proveedores tiene ya disponibles, y cuáles le faltan.
  • Empezar a pedir a los proveedores la información que probablemente se necesitará: composición, origen, huella de carbono, condiciones de fin de vida.
  • No esperar al acto delegado para empezar a ordenar la casa. Doce o dieciocho meses de preparación de datos no es una cifra exagerada: es, en la práctica, lo que suelen tardar este tipo de proyectos.

En resumen

El Pasaporte Digital de Producto ha pasado, en la práctica, de ser una idea dentro de un reglamento a una infraestructura real con fecha de arranque. La obligación de emitirlo, salvo para baterías, todavía no ha llegado para la mayoría de sectores. Pero el calendario ya está fijado, y la experiencia con otras normativas europeas enseña que quien empieza a preparar los datos con margen sufre mucho menos que quien espera al último acto delegado para reaccionar.

En URS Spain seguimos de cerca esta transformación porque, aunque el DPP no forma parte de los esquemas de certificación que auditamos, buena parte del trabajo previo —trazabilidad de procesos, control de proveedores, datos ambientales fiables— es exactamente lo que ya exigen sistemas de gestión como ISO 9001 o ISO 14001. Si tu empresa ya certifica alguno de ellos, probablemente tenga ya buena parte del terreno preparado sin saberlo.

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